“¡Señores, vamos a grabar!”
¿Preparados para grabar?
¡Grabando! Alea jacta est. La suerte está echada.
El regidor o el mismo realizador lanzan las frases al aire. No es momento para retroceder, amilanarse o acordarse de los deberes no hechos. Debemos estar seguros de lo que vamos a hacer y si nos equivocamos, que el cielo caiga sobre nuestras cabezas.
La primera vez que me puse delante de una mesa de mezcla de un control de realización (hace ya bastantes años) sólo tenía tres fuentes para mezclar: dos cámaras, una para el presentador, otra para los rótulos (en aquellos tiempos todavía se utilizaba el grafismo corpóreo, es decir, los gráficos dibujados directamente en una cartulina y se cambiaban a la orden de “Abate rótulo”, a cuya voz, el regidor con su extremidad superior, lo hacía caer. De esta forma debajo aparecía otra cartulina, y así hasta el final), y una salida de vídeo. Pues bien, mi primer contacto con el control fue desastroso. Me hice un lío con la cámara 1, la 2 y la salida de vídeo, no sabía en que momento estaba pinchado el qué, empecé a sudar y el mezclador, que no era nada novato, me tranquilizó diciéndome que no hiciera nada, que ya se las apañaba él solito. ¡Afortunadamente!
Dominar un control de realización no es cosa fácil. Hay que habituarse. Tener sangre fría, y saber que plano hay en cada cámara. Para ello debemos hacer un trabajo previo antes de entrar en el plató. Conocer el espacio o decorado que debemos cubrir, los personajes o motivos a “retratar”, etc…Para empezar debemos saber de cuantas cámaras vamos a disponer (pidamos seis y el productor nos pondrá tres). Si alguna de ellas estará en una Dolly, grúa, cabeza caliente, steady… o similar. Una vez dispongamos de la información necesaria, haremos un croquis en un alzado del decorado, colocando en él las cámaras de las que disponemos y ya imaginando el tipo de planos que nos van a dar.
SE ACERCA EL MOMENTO
Con el alzado del decorado y las cámaras colocadas como si de peones de un ejército se tratasen, nos dedicaremos a estudiar a conciencia las posibilidades, enigmas, problemas, movimientos de personajes, entradas, salidas, que puedan suceder en dicho plató. Todo lo que marque el guión y alguna incidencia más que se nos pueda ocurrir, ya que en programas en directo, incluso en muchos grabados, hay mucho mucho gusto por la improvisación. Darle una vuelta más a las incidencias posibles no está de sobra, no perderemos demasiado tiempo y ganaremos seguridad en el control. Sobre el papel vamos a decidir dónde situaremos las cámaras y deberemos pensar en los movimientos que éstas van a tener dentro del plató. Decidiremos que planos nos da cada una de ellas, cortos, escorzos, generales, panorámicas, zooms, trávellings, etc… Altura de los trípodes o pedestales para conseguir el efecto deseado. Por regla general, los objetivos deben situarse unos diez centímetros más arriba de la altura de los ojos, de esta forma desapareceran las papadas de los invitados, y el echo de mirar de abajo hacia arriba también les favorecerá..
Esta norma cambia cuando se trabaja en musicales u otros programas especiales, y el plató ya no es un plató de televisión sino un escenario de teatro o una tarima en dónde están situados los músicos, bailarines… Debemos pensar en cada una de las cámaras y la escala de valores de cada plano y sus posibles variantes. Una realización multicámara es, en definitiva, un editaje en directo y a tiempo real.
Ya hemos decidido el número con el que reconoceremos las cámaras, también el tipo de objetivo con el que trabajará cada una de ellas, por ejemplo, un angular con recorrido para los generales, tele para el presentador, etc… Ahora deberemos elegir que operador deberá llevar cuál. Muchas veces escogeremos el cámara según nuestro criterio, pero depende de para quién trabajemos eso no va a ser posible, y los operadores serán designados por el explotador (entiéndase; el responsable de que los recursos técnicos y humanos sean utilizados de forma racional). de equipos. En el caso de que no tengas la opción de escoger tus camarógrafos, que el cielo te coja confesado. Un buen cámara te va a salvar de algunos apuros. Un mal cámara sólo te va a traer complicaciones. Aunque siempre, y ese derecho es inalienable, decidirás quién estará en los cortos, en el general… Si no les conoces, decide con picardía, mírales a los ojos, y según el grado de seguridad con que te miren podrás acertar, o no. De todas formas debes explicarles todo lo máximo que consideres relacionado con el programa. En este sentido hay disparidad de criterios. Unos opinan que los cámaras del plató no necesitan demasiada información, los otros que deben saberlo casi todo. En mi modesta opinión, soy del parecer que no hay que sobreinformarles, sino dar la información precisa para que desempeñen bien su trabajo.
Otra figura importante en un plató multicámara es el mezclador. El mixer debe seguir el ritmo del realizador. Se le exige reflejos, rapidez, saber superar momentos delicados, conocer el ritmo del programa y saber adaptarse a él. Sucede, a veces, que el realizador pide pinchar una cámara y ésta está todavía encuadrando el plano, el mezclador debe esperar a que la cámara esté lista para ser pinchada. Este momento de espera (que puede parecer eterno) es angustioso, puesto que poner en programa una cámara mientras se está preparando es un fallo que debe evitarse y sin embargo existe premura. Un buen mezclador seguirá pinchando en ausencia del realizador. Me refiero a que en programas con mucho follón, el realizador es a menudo “molestado” y distraído con informaciones que debe atender al instante, esto le obliga a “abandonar” mentalmente el control. Aquí entra en acción el buen hacer del mixer, que deberá seguir con la retransmisión y hacerlo con la idea y criterio del realizador y del programa.
MULTICÁMARA CON UNA SOLA CÁMARA
En ocasiones recibimos el encargo de hacer un programa con presentaciones de videoclips o reportajes y tan sólo disponemos de una cámara. En lugar de recurrir al típico plano con zoom avante y atrás, o al más moderno cámara en mano y “muévete-palante-y-patrás”; si disponemos de tiempo podemos hacer lo siguiente.
Si disponemos del texto, lo dividimos en tres partes o bloques. A cada bloque le preasignamos una escala de plano. Para la primera, un primer plano abierto, la segunda un plano conjunto y para el tercer bloque otro primer plano, aunque más cerrado que el primero, por ejemplo. Lo fácil es gravar según el orden cronológico del texto. Vayamos siempre a lo fácil si no tenemos las cosas claras o si tenemos prisa. El presentador finaliza el primer bloque y gira la cabeza hacia el lugar que le hayamos indicado previamente. Entonces colocaremos la cámara en el lugar hacia dónde el presentador ha dirigido su mirada, le hacemos repetir el final del bloque 1 (con giro de cabeza incluido) y concluir el segundo bloque. Para la tercera parte repetiremos este proceso. De esta manera si los movimientos de giro de cabeza y miradas están realizados con raccord, el espectador pensará que tu programa tiene muchas cámaras y por tanto que es un portento de presupuesto. Recordemos que el lenguaje audiovisual no es una realidad, tan sólo una ficción. Aunque la verdad es que a los colegas no les podrás engañar.SERGI SCHAAFF, MAESTRO DE VARIAS GENERACIONES
Una de los directores más carismáticos y didácticos que he conocido, y maestro de varias generaciones de realizadores barceloneses, es Sergi Schaaff (El tiempo es oro, Saber y ganar y un larguísimo etc de progranas de tv). Yo mismo estoy orgulloso de ser discípulo suyo. Su dominio del lenguaje audiovisual es inmenso, su cultura, bastísima, su control en el plató, sorprendente. Sergi acostumbra a decir: “El realizador es como un torero: Citar, templar, mandar” ¡Cuanta razón! Pero de toda la teoría que con él aprendí, me quedo con un par de detalles prácticos que le ví hacer en un plató. Trabajaba yo, por aquél entonces en su productora, y un día decidió que sería él quien realizaría un gag o una actuación. Colocó las cámaras, ordenó que planos debían haber en cada una de ellas. Se sentó en una silla del plató, cogió unos cascos y fue ordenando los planos al mixer.
-“¡la 4!, ¡la 2!”- Y cada plano que ordenaba era el que realmente debía ser pinchado. Sin apuntes, ¡sabía exactamente qué había en 5 cámaras, y en que momento debían ser pinchadas!
El otro detalle al que quiero hacer mención, como director o como docente que siempre es Sergi Schaaff, era ponerse delante de la cámara que él consideraba que no debía ser pinchada. Claro, el primer día que ví aparecer su inconfundible silueta delante del objetivo de una cámara se me pusieron los ojos como naranjas, ¡no podía pinchar aquella cámara!
Me quedé atónito, ¡cómo podía ser que un hombre de su experiencia cometiese semejante error! Lo hacía adrede, para que su realizador no tuviese ni siquiera la tentación de pinchar una cámara que él consideraba que no debía ser enseñada en aquel momento. De esta manera incluso sin estar en el control continuaba mandando. “Citar, templar, mandar”
Torna al principi de l'article | Inici del blog
Estadisticas gratis
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada